20 lecciones que marcaron de los líderes empresariales del siglo XX

La escritora Katie Sola se encargo de recopilar 20 interesantes lecciones de vida que los líderes empresariales recibieron de sus padres. Estos aprendizajes fueron tan trascendentales que hoy en día estos 20 personajes lo recuerdan como enseñanzas cruciales para su desarrollo como profesionales y personas. Te invitamos a conocer estas lecciones y darte un ejemplo o inspiración de como puedes apoyar o inspirar a tus hijos.

El voluble Richard Branson dice que su padre le enseñó a escuchar más de lo que habla. El padre de Bill Gates lo animó a probar actividades nuevas y desafiantes. Y el padre de Martha Stewart le dijo que podía lograr cualquier cosa que se propusiera.

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Indra Nooyi, presidenta y CEO de PepsiCo

“Mi padre era un ser humano absolutamente maravilloso. De él aprendí a asumir siempre una intención positiva. Lo que cualquier persona diga o haga, siempre asume lo mejor de ello. Te sorprendería cómo todo el acercamiento a una persona o problema puede ser tan distinto. Cuando asumes que existe una intención negativa, estás enojada. Si eliminas la ira y asumes una intención positiva, te sorprenderás.”

Como se lo dijo a Fortune

 

Kenneth Chenault, CEO de American Express

“Yo diría que el mejor consejo de carrera que me dio mi padre, fue: ‘No confundas quién eres con tu título o tu puesto.’ Y el mensaje es muy claro: que tu carrera y tu trabajo es muy importante, pero lo que eres como persona, tus valores y creencias, son lo más importante.”

Como se lo dijo a la London Business School

 

Bill Gates, fundador de Microsoft y cofundador de la Fundación Bill y Melinda Gates

“Mi padre y mi madre hicieron un gran trabajo al animarme a hacer cosas en las que yo no era bueno, a realizar una gran cantidad de diferentes deportes como natación, futbol americano, soccer, y yo no sabía por qué. En ese momento pensé que no tenía sentido, pero al final me expuso a oportunidades de liderazgo y me enseñó que yo no era bueno en muchas cosas, en vez de permitir que me apegara a las cosas con las que me sentía cómodo.”

Como se lo dijo a Fortune

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Steve Collis, Presidente y CEO de AmerisourceBergen

“No es cómo comienzas la carrera, sino cómo la terminas.”

Como se lo dijo a Fortune

 

Barbara Corcoran, cofundadora de The Corcoran Group

“[Mi padre] renunciaba a su empleo cuando su jefe le decía cómo hacer algo… Papá nos enseñó a ser insubordinados y creo que por eso [sus hijos] no queremos trabajar para nadie.”

Como se lo dijo a Inc.

 

Brian Roberts, CEO de Comcast

“Mi mentor es mi padre, Ralph, que cumple 85 años este mes. Cuando quería empezar mi carrera en Comcast, en las oficinas centrales de la empresa, mi padre insistió sabiamente en que aprendiera sobre el negocio desde la calle, a pesar de que ésa no fue la forma en que comenzó… me costó subir los postes de teléfono, aprender a cablear y entrar en las casas de la gente para conectarlas. Aprendí de verdad cómo funciona la compañía de la gente que lo hace posible.”

Como se lo dijo a Fortune

 

Debra Cafaro, CEO de Ventas Inc

“Mi padre siempre me apoyó, y dijo: ‘Puedes hacer lo que sea que imagines.’ En retrospectiva, me doy cuenta de lo increíblemente inusual e importante que fueron su apoyo y refuerzo.”

Como se lo dijo a Bloomberg

 

Mark Cuban, inversionista, dueño de los Dallas Mavericks

“Mi padre me lo dijo una y otra vez: ‘Hoy es el día en que eres más joven de lo que serás jamás. Tienes que vivir como tal. Debes vivir como un joven todos los días.’ Y eso es lo que trato de hacer.”

Como se lo dijo a BusinessInsider

 

Martin Sorrell, CEO de WPP

“Mi padre me dijo que encontrara algo que me gustara hacer, que trabajara duro en ello y desarrollara una reputación en el campo, y luego, si deseaba iniciar algo por mi cuenta, podría hacerlo. Si disfrutas tu trabajo, entonces no es trabajo.”

Como se lo dijo a Fortune

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Mary Barra, presidenta y CEO de General Motors

“Mi madre se crió en una granja durante la Gran Depresión. Mi papá creció en una zona de minas de hierro en Minnesota. Ambos nos enseñaron, a mi hermano y a mí, dos cosas: ‘No hay sustituto para el trabajo duro’, y ‘Trabaja antes de jugar.’”

Como se lo dijo a Esquire

 

Meg Whitman, CEO de Hewlett Packard Enterprise

“’Sé amable con la gente.’ Eso suena como un lugar común, pero nunca olvidaré que mi padre me lo decía. Yo tenía 10 años y había tratado mal a alguien. Él dijo: ‘No tiene sentido ser malo con alguien en cualquier momento. Nunca sabes con quién te encontrarás más adelante en la vida, y, por cierto, no cambias nada al ser malo. Por lo general, serlo no te lleva a ninguna parte.”

Como se lo dijo a Fortune

 

Richard Branson, fundador y presidente de Virgin Group

“Cuando era niño mi casa era siempre un hervidero. Mamá ideaba nuevas aventuras emprendedoras a diestra y siniestra, y mis hermanas y yo corriendo salvajemente alrededor de ella. En medio de toda la diversión y el caos, papá siempre fue un apoyo, una gran influencia tranquilizadora para todos nosotros. Dentro de ese discreto apoyo yacía uno de sus mejores y más simples consejos para mí: ‘Escucha más de lo que hablas.’”

Como se lo dijo a LinkedIn

 

Sara Blakely, fundadora y CEO de Spanx

“Mi papá siempre me animó a equivocarme, y gracias a eso me dio el enorme regalo de ver con claridad la idea del fracaso… El fracaso para mí se convirtió en no intentarlo, no en un resultado adverso.”

Como se lo dijo a BusinessInsider

 

Steve Ballmer, ex CEO de Microsoft y dueño de los LA Clippers

“Mi papá me dijo: ‘Si vas hacer un trabajo, haz un trabajo. Y si no vas a hacer un trabajo, no hagas un trabajo. Y ésa es la clave de todo.’ No, en serio, la idea es que si vas a hacer algo, debes hacerlo con el corazón, el cuerpo y el alma.”

Como se lo dijo a BusinessInsider

 

Steve Jobs, cofundador y ex CEO de Apple

“Tienes que hacer que la parte de atrás de la cerca, la que nadie va a ver, luzca igual de bien que el frente de la cerca. Aunque nadie la vea, tú sabrás cómo lo hiciste, y eso mostrará que estás dedicado a hacer algo perfecto.”

Como se lo dijo a su biógrafo Walter Isaacson

 

T Boone Pickens, CEO de Capital BP

“Un tonto con un plan puede vencer a un genio sin ningún plan un día cualquiera.”

Como lo dijo en LinkedIn

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Ted Turner, fundador y ex CEO de CNN

“El mejor consejo que he recibido vino de mi padre. Él me dijo que entrara a trabajar a su empresa de vallas publicitarias cuando tenía 12 años… Aprendí sobre la venta y el arrendamiento. Aprendía a pintar vallas publicitarias… Mi padre me explicó cómo funcionaba el mundo de los negocios, pero un buen negocio depende de las buenas relaciones de trabajo, un liderazgo entusiasta y de hacer dinero y reinvertirlo. Cuando tenía 21 años y entré a trabajar en la empresa de tiempo completo, estaba listo.”

Como se lo dijo a Fortune

 

Walt Bettinger, presidente y CEO de Charles Schwab

“El mejor consejo que he recibido llegó en la forma de un simple recordatorio de mi difunto padre: ‘La mayoría de las cosas en el mundo pueden comprarse o venderse, pero no una reputación.’ Con estas pocas palabras de sabiduría, mi padre me inculcó un marco para comportarme, interactuar con otros y tomar decisiones, uno que da forma a mis acciones todos los días.”

Como se lo dijo a Fortune

 

Warren Buffett, CEO de Berkshire Hathaway

“Mi primer héroe fue mi padre. Crecí con un amor y admiración por él increíbles. Yo quería ser como él. Él me dio un buen consejo, y fue enormemente útil e importante para mí en todo tipo de formas. Me enseñó que lo que importa es lo que pienses de ti mismo más que lo que los demás piensen de ti. Si te sientes cómodo con la forma como eres, tendrás una vida muy gratificante.”

Como lo contó en LinkedIn

 

 Martha Stewart, fundadora de Martha Stewart Living Omnimedia

“El mejor consejo que he recibido fue de mi padre cuando tenía 12 años y estaba dispuesta a escuchar. Me dijo que con mis características personales podría, si me concentraba en ello, hacer cualquier cosa que eligiera. Este consejo me inculcó un gran sentido de confianza, y a pesar de que a veces yo estaba un poco nerviosa, salí e hice lo que quería hacer cuando quise hacerlo.”

Como lo contó en LinkedIn

 

Bibliografía

Sola, K. (18 de 06 de 2016). 20 lecciones de vida de los padres de los millonarios Forbes. Forbes Mexico .

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Tortugas, liebres, gallinas y cerdos: cómo vivir y trabajar en tus veinte (Parte II)

Publicado por Polymath Ventures

En la parte I de este post, hablé de la importancia de ser un cerdo durante tus veinte. Es la única forma de abrirte a las posibilidades del mundo y eliminar la identidad que tus padres, compañeros y la sociedad te prestaron mientras estabas creciendo. Sólo en ese momento puedes empezar a entender lo que tú realmente significas.

En este post, quiero compartir el cambio principal de perspectiva que hice durante el paso de mis veinte (en gran parte porque estaba dedicada a ser cerdo). Creo que es el viaje de desarrollo más importante que puedes hacer durante tus años de odisea y el que te prepara para una vida de éxito sostenido como un adulto.

Pasé de ser una liebre a una tortuga.

La fábula es una que todos conocen. Aunque la liebre tenía la ventaja, la tortuga al final ganó la carrera al no sobrestimarse y siguiendo con constancia. Lento pero seguro gana la carrera.

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Yo fui una liebre en su máxima expresión: empecé preescolar 1.5 años antes de lo normal porque después de 9 niñeras en 18 meses mis padres se rindieron; mi mamá cambió mi registro civil para que me aceptaran en primer grado antes; terminé matemáticas de secundaria a los 12; solía tomar 6 clases por semestre en Harvard, comparado al promedio de 4 para completar dos carreras no relacionadas entre sí; a los 26, había cambiado de carrera 3 veces y vendido una compañía. Si hubiese un cártel sobre la personificación de vivir como una liebre, eso fui yo durante el primer cuarto de mi vida. Estaba en una carrera contra el tiempo y la velocidad de alcanzar metas se volvió más importante que las metas en sí mismas.

 

Pero mientras corres por la carretera demarcada,  y giras por un camino donde se empieza a acabar la señalización y cada vez se encuentra menos pavimentado. Cuando empiezas a pasar los límites de los que otros a tu alrededor han explorado antes, empiezas a darte cuenta que la mayoría de cosas que valen la pena en la vida toman tiempo. Si se ponen cada vez más fáciles, significa que no estás esforzándote lo suficientemente fuerte a ti mismo, o al menos estás corriendo por un camino conocido. Manejar 200km toma 2 horas si estás viajando por la autopista, y días si estás en medio de la selva virgen. Para esos de nosotros que somos pioneros (y realmente todos deberíamos serlo de una u otra forma), el hecho que sea difícil significa que probablemente vamos por el camino correcto.

Si el camino correcto va a tomar tiempo, entonces la perspectiva de cómo deberías vivir cambia radicalmente.

La rapidez se convierte en resistencia.  La arrogancia se vuelve humildad. Los hábitos de hablar a toda máquina se modifican a un paso más razonable. Fingir hasta que se logre “fake it until you make it” tiene menos posibilidades de funcionar. El “por qué” y el “cómo”, particularmente el “cómo”,  se vuelven mucho más importantes que el qué. El fin casi nunca justifica los medios. Los verdaderos atajos son poco comunes. Empiezas a invertir en la gente. Las lealtades y las responsabilidades son reales. Empiezas a cuidarte a ti mismo.

Observando a mis colegas durante los últimos 10-15 años, existen diferentes formas sorprendentes de vivir tu veinte. Algunos de nosotros tuvimos aventures que nos cambiaron la vida, otros trabajaron heridas emocionales profundas y otros comenzaron una familia. Cualquier viaje que pueda guiarte a una examinación propia, honesta para salir al otro lado como una tortuga es una forma exitosa y sana de pasar los veintes. Es una señal que necesitas ahora entender quién eres y tienes la confianza que estás avanzando por la dirección correcta de lo que quieres en esta vida.

 

Lao Tzu dijo que “la llama que brilla el doble se quema a media velocidad.” El periodo de vida promedio de una tortuga gigante es 100 años, el de una liebre es 3. Este es el inicio del resto de tu vida. Y de muchas formas, ya que a la mayoría nos toma casi una década después de dejar la casa de nuestros padres para entender cuál es nuestra identidad, hacia el final de los veinte es realmente cuando empieza el inicio de tu vida, en tus propios términos. Haz que cada paso cuente. Pero hazlo contar no al servicio de una señal en el camino, pero en la expresión de tus creencias, pasiones y esperanzas. Da cada paso con confianza, valor y paciencia: 

Estoy aquí. Estoy es lo que soy en este mundo y voy a estar aquí un buen rato.

Mis sinceros buenos deseos para cualquier persona que esté realizando el viaje que son los veinte: sé un cerdo – comprométete, lucha, llora y ríe. Espero que gradualmente dejes ir las inseguridades de la liebre y emerjas como la tortuga que vive con su verdadero yo durante 100 años. Y mientras estás en esas, trata de dejarle al mundo algo auténtico y que valga la pena saborear por otros 100 años.

En este espíritu, y el de ambos el Cerdo y la Tortuga, los dejo con una parte del discurso de Teddy Roosevelt dado en la Sorbona en 1910: 

“No es el crítico quien cuenta, ni el que señala con el dedo al hombre fuerte cuando tropieza o el que indica en qué cuestiones quien hace las cosas podría haberlas hecho mejor.

El mérito recae exclusivamente en el hombre que se halla en la arena, aquel cuyo rostro está manchado de polvo, sudor y sangre, el que lucha con valentía, el que se equivoca y falla el golpe una y otra vez, porque no hay esfuerzo sin error y sin limitaciones. El que cuenta es el que de hecho lucha por llevar a cabo las acciones, el que conoce los grandes entusiasmos, las grandes devociones, el que agota sus fuerzas en defensa de una causa noble, el que, si tiene suerte, saborea el triunfo de los grandes logros y si no la tiene y falla, fracasa al menos atreviéndose al mayor riesgo, de modo que nunca ocupará el lugar reservado a esas almas frías y tímidas que ignoran tanto la victoria como la derrota”.

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Tortugas, liebres, gallinas y cerdos: cómo vivir y trabajar en tus veinte (Parte I)

Publicado por Polymath Ventures

A los 21 años, le dije que sí a la oficina de McKinsey Dubai sin haber nunca ido antes a Dubai, o el Medio Oriente en ese caso. Lo que me convenció fue tan solo una carta que estaba en la página web de la oficina del gerente de esa época, Kito de Boer[1]. En ella contaba la fábula de la gallina y el cerdo: la gallina contribuye al desayuno, pero al final el cerdo hace el último sacrificio. También me escribió algo que me llegó directamente al corazón: si vienes, no sé exactamente cómo, pero te prometo que vas a cambiar.

Y entonces me fui.

“Cambio” es probablemente una palabra muy trivial para describir lo que pasó.  Lo ajeno del entorno significó que tuviera que deshacerme de mis capas: dejar muchas cosas que pensé eran esenciales y otras que ni siquiera sabía que tenía, me reconstruí desde ceros. Fue la primera vez en mi vida en la que realmente entendí el concepto de género y tuve que aprendera lograr que hombres mayores que yo me tomaran en serio. Entendí que mi torre de marfil arrogante y de éxito materialista, era el resultado de enorme privilegio y no producto de mi genialidad. Probé los límites del peligro físico cruzando fronteras dudosas y trabajando en ciudades controladas por grupos terroristas. Me confundí y avancé en la soledad. Me enamoré y también aprendí sobre el corazón roto y reparación.

Y durante todo ese tiempo, me convertí más en lo que yo realmente era.

Esto es lo que pasa cuando decides ser un cerdo, como en la fábula. Es la única forma de aventurarse completamente en una experiencia de vida: tomando decisiones arriesgadas y haciendo un compromiso de verdad durante un buen tiempo, así es como las cosas más inesperadas y maravillosas pasan. De ahí en adelante, sólo se pone mejor cuando decides ser cerdo una y otra vez.

A los 22, 24 o incluso los 27 años, uno no sabe realmente mucho de nada. No es el momento de planear una carrera porque no entiendes quién eres todavía; no sabes lo que implican realmente los trabajos; no entiendes lo que trabajo con propósito significa porque todavía estás completamente influenciado por lo que otras personas creen que es bueno e importante (aunque duela admitirlo). La decisión más inteligente que puedes tomar es entender tu propia ignorancia y confusión. De hecho, aférrate a ella y sé completamente abierto a lo que el mundo y los otros pueden mostrarte.

Ser alguien genuinamente abierto no es fácil. La gran mayoría de personas son algo ilusas o incluso temerosas para permitirse esta exposición. Abrirse significa destaparse a los elementos: a la adversidad, arrepentimientos, movimientos fuertes en la marea y también a caminos que nunca habrías creído que podrían ser tuyos. Revelaciones que cambian profundamente tus supuestos sobre el mundo y sobre ti mismo; conexiones y amores en lugares inesperados.

Durante los últimos cinco años, me he encontrado con una innumerable cantidad de talento joven que comete el sencillo error de creer que saben demasiado. Creen entender la función exacta o industria en la que quieren trabajar sin experimentar más de una o dos (hay al menos docenas de cada una en el mundo). Aceptan trabajos porque se sienten halagados de ser reconocidos por alguien de su pasado, o  porque simplemente alguien está dispuesto a pagarles más. Luchan por posiciones que entregan estatus social más que pasión genuina; y estos son bastones que funcionan sólo como apoyo para sentirse menos perdido, sin embargo, el verdadero entendimiento y descubrimiento de sí mismos no se encuentra así. Esa tipo de pensamiento es como el del sapo que salta de una hoja a la otra, reconfortado por el movimiento pero nunca deteniéndose a pensar si debería estar realmente en esta laguna, o si de pronto, tal vez, podría ser un príncipe.

Durante tus veinte, deberías tener dos criterios sobre cómo tomar decisiones sobre lo que realmente vale la pena:

  1. Escoger cosas (especialmente trabajos, pero de pronto también amigos y amantes) que te reten tanto, que te hagan sentir algo incómodo y no sepas adónde te van a llevar.
  2. Siempre elige estar con la mejor gente (medida por capacidades y valores) a la que puedas tener acceso. Todo lo demás, como qué industria, función o incluso lugar en el mundo, son secundarios.

Había consultores que venían a la oficina de Dubai a realizar estudios de 3 meses, tenían una aventura y después se iban; no pasaban por grandes transformaciones o reconocimiento de sí mismos. Mojaban los dedos de los pies en el agua, pero como nunca saltaron hasta el fondo, nunca aprendieron a nadar.

Sé un cerdo ¿quién escoge huevos sobre tocino al final del día?

[1] Resulta interesante que Kito ahora es el Jefe de Misión de la Office of the Quartet, al Este de Jerusalén. El Quartet contiene a las Naciones Unidas, Los Estados Unidos, La Unión Europea y Rusia; e incluso ayuda a negociaciones entre Israel y Palestina.

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