Tortugas, liebres, gallinas y cerdos: cómo vivir y trabajar en tus veinte (Parte I)

Publicado por Polymath Ventures

A los 21 años, le dije que sí a la oficina de McKinsey Dubai sin haber nunca ido antes a Dubai, o el Medio Oriente en ese caso. Lo que me convenció fue tan solo una carta que estaba en la página web de la oficina del gerente de esa época, Kito de Boer[1]. En ella contaba la fábula de la gallina y el cerdo: la gallina contribuye al desayuno, pero al final el cerdo hace el último sacrificio. También me escribió algo que me llegó directamente al corazón: si vienes, no sé exactamente cómo, pero te prometo que vas a cambiar.

Y entonces me fui.

“Cambio” es probablemente una palabra muy trivial para describir lo que pasó.  Lo ajeno del entorno significó que tuviera que deshacerme de mis capas: dejar muchas cosas que pensé eran esenciales y otras que ni siquiera sabía que tenía, me reconstruí desde ceros. Fue la primera vez en mi vida en la que realmente entendí el concepto de género y tuve que aprendera lograr que hombres mayores que yo me tomaran en serio. Entendí que mi torre de marfil arrogante y de éxito materialista, era el resultado de enorme privilegio y no producto de mi genialidad. Probé los límites del peligro físico cruzando fronteras dudosas y trabajando en ciudades controladas por grupos terroristas. Me confundí y avancé en la soledad. Me enamoré y también aprendí sobre el corazón roto y reparación.

Y durante todo ese tiempo, me convertí más en lo que yo realmente era.

Esto es lo que pasa cuando decides ser un cerdo, como en la fábula. Es la única forma de aventurarse completamente en una experiencia de vida: tomando decisiones arriesgadas y haciendo un compromiso de verdad durante un buen tiempo, así es como las cosas más inesperadas y maravillosas pasan. De ahí en adelante, sólo se pone mejor cuando decides ser cerdo una y otra vez.

A los 22, 24 o incluso los 27 años, uno no sabe realmente mucho de nada. No es el momento de planear una carrera porque no entiendes quién eres todavía; no sabes lo que implican realmente los trabajos; no entiendes lo que trabajo con propósito significa porque todavía estás completamente influenciado por lo que otras personas creen que es bueno e importante (aunque duela admitirlo). La decisión más inteligente que puedes tomar es entender tu propia ignorancia y confusión. De hecho, aférrate a ella y sé completamente abierto a lo que el mundo y los otros pueden mostrarte.

Ser alguien genuinamente abierto no es fácil. La gran mayoría de personas son algo ilusas o incluso temerosas para permitirse esta exposición. Abrirse significa destaparse a los elementos: a la adversidad, arrepentimientos, movimientos fuertes en la marea y también a caminos que nunca habrías creído que podrían ser tuyos. Revelaciones que cambian profundamente tus supuestos sobre el mundo y sobre ti mismo; conexiones y amores en lugares inesperados.

Durante los últimos cinco años, me he encontrado con una innumerable cantidad de talento joven que comete el sencillo error de creer que saben demasiado. Creen entender la función exacta o industria en la que quieren trabajar sin experimentar más de una o dos (hay al menos docenas de cada una en el mundo). Aceptan trabajos porque se sienten halagados de ser reconocidos por alguien de su pasado, o  porque simplemente alguien está dispuesto a pagarles más. Luchan por posiciones que entregan estatus social más que pasión genuina; y estos son bastones que funcionan sólo como apoyo para sentirse menos perdido, sin embargo, el verdadero entendimiento y descubrimiento de sí mismos no se encuentra así. Esa tipo de pensamiento es como el del sapo que salta de una hoja a la otra, reconfortado por el movimiento pero nunca deteniéndose a pensar si debería estar realmente en esta laguna, o si de pronto, tal vez, podría ser un príncipe.

Durante tus veinte, deberías tener dos criterios sobre cómo tomar decisiones sobre lo que realmente vale la pena:

  1. Escoger cosas (especialmente trabajos, pero de pronto también amigos y amantes) que te reten tanto, que te hagan sentir algo incómodo y no sepas adónde te van a llevar.
  2. Siempre elige estar con la mejor gente (medida por capacidades y valores) a la que puedas tener acceso. Todo lo demás, como qué industria, función o incluso lugar en el mundo, son secundarios.

Había consultores que venían a la oficina de Dubai a realizar estudios de 3 meses, tenían una aventura y después se iban; no pasaban por grandes transformaciones o reconocimiento de sí mismos. Mojaban los dedos de los pies en el agua, pero como nunca saltaron hasta el fondo, nunca aprendieron a nadar.

Sé un cerdo ¿quién escoge huevos sobre tocino al final del día?

[1] Resulta interesante que Kito ahora es el Jefe de Misión de la Office of the Quartet, al Este de Jerusalén. El Quartet contiene a las Naciones Unidas, Los Estados Unidos, La Unión Europea y Rusia; e incluso ayuda a negociaciones entre Israel y Palestina.

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