Tortugas, liebres, gallinas y cerdos: cómo vivir y trabajar en tus veinte (Parte II)

Publicado por Polymath Ventures

En la parte I de este post, hablé de la importancia de ser un cerdo durante tus veinte. Es la única forma de abrirte a las posibilidades del mundo y eliminar la identidad que tus padres, compañeros y la sociedad te prestaron mientras estabas creciendo. Sólo en ese momento puedes empezar a entender lo que tú realmente significas.

En este post, quiero compartir el cambio principal de perspectiva que hice durante el paso de mis veinte (en gran parte porque estaba dedicada a ser cerdo). Creo que es el viaje de desarrollo más importante que puedes hacer durante tus años de odisea y el que te prepara para una vida de éxito sostenido como un adulto.

Pasé de ser una liebre a una tortuga.

La fábula es una que todos conocen. Aunque la liebre tenía la ventaja, la tortuga al final ganó la carrera al no sobrestimarse y siguiendo con constancia. Lento pero seguro gana la carrera.

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Yo fui una liebre en su máxima expresión: empecé preescolar 1.5 años antes de lo normal porque después de 9 niñeras en 18 meses mis padres se rindieron; mi mamá cambió mi registro civil para que me aceptaran en primer grado antes; terminé matemáticas de secundaria a los 12; solía tomar 6 clases por semestre en Harvard, comparado al promedio de 4 para completar dos carreras no relacionadas entre sí; a los 26, había cambiado de carrera 3 veces y vendido una compañía. Si hubiese un cártel sobre la personificación de vivir como una liebre, eso fui yo durante el primer cuarto de mi vida. Estaba en una carrera contra el tiempo y la velocidad de alcanzar metas se volvió más importante que las metas en sí mismas.

 

Pero mientras corres por la carretera demarcada,  y giras por un camino donde se empieza a acabar la señalización y cada vez se encuentra menos pavimentado. Cuando empiezas a pasar los límites de los que otros a tu alrededor han explorado antes, empiezas a darte cuenta que la mayoría de cosas que valen la pena en la vida toman tiempo. Si se ponen cada vez más fáciles, significa que no estás esforzándote lo suficientemente fuerte a ti mismo, o al menos estás corriendo por un camino conocido. Manejar 200km toma 2 horas si estás viajando por la autopista, y días si estás en medio de la selva virgen. Para esos de nosotros que somos pioneros (y realmente todos deberíamos serlo de una u otra forma), el hecho que sea difícil significa que probablemente vamos por el camino correcto.

Si el camino correcto va a tomar tiempo, entonces la perspectiva de cómo deberías vivir cambia radicalmente.

La rapidez se convierte en resistencia.  La arrogancia se vuelve humildad. Los hábitos de hablar a toda máquina se modifican a un paso más razonable. Fingir hasta que se logre “fake it until you make it” tiene menos posibilidades de funcionar. El “por qué” y el “cómo”, particularmente el “cómo”,  se vuelven mucho más importantes que el qué. El fin casi nunca justifica los medios. Los verdaderos atajos son poco comunes. Empiezas a invertir en la gente. Las lealtades y las responsabilidades son reales. Empiezas a cuidarte a ti mismo.

Observando a mis colegas durante los últimos 10-15 años, existen diferentes formas sorprendentes de vivir tu veinte. Algunos de nosotros tuvimos aventures que nos cambiaron la vida, otros trabajaron heridas emocionales profundas y otros comenzaron una familia. Cualquier viaje que pueda guiarte a una examinación propia, honesta para salir al otro lado como una tortuga es una forma exitosa y sana de pasar los veintes. Es una señal que necesitas ahora entender quién eres y tienes la confianza que estás avanzando por la dirección correcta de lo que quieres en esta vida.

 

Lao Tzu dijo que “la llama que brilla el doble se quema a media velocidad.” El periodo de vida promedio de una tortuga gigante es 100 años, el de una liebre es 3. Este es el inicio del resto de tu vida. Y de muchas formas, ya que a la mayoría nos toma casi una década después de dejar la casa de nuestros padres para entender cuál es nuestra identidad, hacia el final de los veinte es realmente cuando empieza el inicio de tu vida, en tus propios términos. Haz que cada paso cuente. Pero hazlo contar no al servicio de una señal en el camino, pero en la expresión de tus creencias, pasiones y esperanzas. Da cada paso con confianza, valor y paciencia: 

Estoy aquí. Estoy es lo que soy en este mundo y voy a estar aquí un buen rato.

Mis sinceros buenos deseos para cualquier persona que esté realizando el viaje que son los veinte: sé un cerdo – comprométete, lucha, llora y ríe. Espero que gradualmente dejes ir las inseguridades de la liebre y emerjas como la tortuga que vive con su verdadero yo durante 100 años. Y mientras estás en esas, trata de dejarle al mundo algo auténtico y que valga la pena saborear por otros 100 años.

En este espíritu, y el de ambos el Cerdo y la Tortuga, los dejo con una parte del discurso de Teddy Roosevelt dado en la Sorbona en 1910: 

“No es el crítico quien cuenta, ni el que señala con el dedo al hombre fuerte cuando tropieza o el que indica en qué cuestiones quien hace las cosas podría haberlas hecho mejor.

El mérito recae exclusivamente en el hombre que se halla en la arena, aquel cuyo rostro está manchado de polvo, sudor y sangre, el que lucha con valentía, el que se equivoca y falla el golpe una y otra vez, porque no hay esfuerzo sin error y sin limitaciones. El que cuenta es el que de hecho lucha por llevar a cabo las acciones, el que conoce los grandes entusiasmos, las grandes devociones, el que agota sus fuerzas en defensa de una causa noble, el que, si tiene suerte, saborea el triunfo de los grandes logros y si no la tiene y falla, fracasa al menos atreviéndose al mayor riesgo, de modo que nunca ocupará el lugar reservado a esas almas frías y tímidas que ignoran tanto la victoria como la derrota”.

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